Breve glosario de la vestimenta típica española

Siguiendo algunos manuales y estudios sobre la historia de la vestimenta en España  y la indumentaria tradicional, pueden describirse prendas y complementos básicos como pudieron ser: 
Alpargata, calzado popular por excelencia, con suela de esparto (cuerda y cáñamo), puntera y talón de tela de loneta que servían para ajustar el talón y los dedos de los pies, que quedada fijada con un juego de cintas (vetas) cruzadas sobre el empeine y el tobillo. Se ha fijado su origen en la época de la ocupación musulmana.
Basquiña, era una falda exterior común en el traje de corte como en el popular, fruncida en la cintura, que con el tiempo fue modificando su forma, tejido, decoración y uso. A partir del siglo XIX, solo se llama así la falda de color negro que se usa para salir a la calle.
Blusa, prenda que se impuso en el siglo XIX como un tipo de camisa holgada, que llegaba de los hombros hasta debajo de la cintura, abierta por delante en su totalidad o bien hasta la mitad, y ajustada a la cadera con una vuelta o una cinta. También podía remeterse bajo la faja.
Calzones o calzas de hombre, prenda de origen renacentista similar al leotardo, pero que solo abarcaba de la cintura a las rodillas.
Bragas -prendas que no se corresponden con lo que luego se llamaría así-, eran unos complementos de lana o algodón que podían cubrir el pie y la pierna (bragas o medias) o sólo la pierna (bragas redondas y taloneras). Se tejían a mano.
Calzón se llamó a partir de un momento a la "pieza con dos perneras unidas en la parte superior en una sola pieza que se va estrechando progresivamente hacia los rodillas y sujeta con una tira a modo de cinturón con la suficiente amplitud para permitir los movimientos del cuerpo". Disponía en la parte inferior de las perneras de unas aberturas que podían cerrarse con botones o vetas, cubriendo las rodillas. Podía vestirse como prenda aislada o a juego con la chaqueta. Dependiendo de su uso podía estar tejida de lana, algodón o seda.
Camisa, era la prenda interior de lino o algodón de manga larga y muy ancha, que, fruncida, podía llegar a cubrir desde los hombros hasta las rodillas. Se cerraba en el cuello con botones.
Capa, prenda de abrigo por excelencia, larga y suelta, con grandes vuelos y sin mangas. Podía llegar hasta los tobillos y ocasionalmente disponer de un capín o esclavina superpuesto a la altura de los hombros que llegaba hasta los codos. Fabricada en diversos tejidos, desde el paño al terciopelo.
Casaca, una prenda entallada, con largos faldones hasta las corvas y abierta por delante, que se ponía sobre la camisa y la chupa. Dichos picos, alas o faldones, similares a los del frac, podían estar armados con varillas o rellenos que les daban cierta rigidez. Tanto los faldones como las mangas se estrecharon de modo progresivo hasta quedar ceñidos. En el caso de las mujeres, la casaca era una prenda más corta de mangas y de faldillas, aunque inspirada en la masculina, disponía también de pliegues y abertura en la espalda.
Cofia o 'redecilla', típica en la vestimenta de los majos, consistía en una funda, bien de red o de tela, que quedaba ajustada a la cabeza para recogerse el pelo. El modelo más típico de la estética goyesca estaba decorado con borlas en la punta y un gran lazo en la parte superior.
Chaleco, pieza sin mangas y con escote para el busto, que se abrocha de arriba abajo. El modelo más elegante solía disponer de un cuello con tirilla alta acompañado de solapas triangulares, botones de latón o plata, tejidos de sedas vistosa y terciopelos con rayas flores u otro tipo de dibujos.
Chupa, era una prenda de abrigo, bien ajustada con botones delanteros, para vestir sobre la camisa y debajo de la casaca. A veces podía tener mangas y el largo varió con el tiempo: primero llegaba hasta casi la rodilla y poco a poco fue acortándose. Puede considerarse el precedente del chaleco -sin mangas y solo hasta la cintura. Caso de llevar cuello, es triangular o rectangular, y se puede adornar con pasamanería, cordones y borlas.
Faja, lienzo o tira de entre 30 y 50 cm. de ancha y unos dos metros de largo, tejida en algodón, lana o seda de variado colorido y dibujos (rayas, rombos, espiguillas). Indispensable para sujetar los zaragüelles o pantalones y proteger la zona lumbar.
Jaqueta, la tradicional casaca de tela acolchada y solapas de los majos, bien ajustada al talle y con faldones cortos que dejaban las piernas al descubierto. Se llevaba sobre el jubón.
Jubón, prenda interior masculina rellena de algodón, lana o borra y ceñida a los brazos y al busto. Se llevaba sobre la camisa y sus mangas tenían la peculiaridad de estar confeccionadas de forma independiente. El jubón femenino se llevaba siempre como prenda exterior.
Ligas, tiras de casi un metro y rematadas a veces con borlas o flecos, que se colocaban en la pierna como sujeción donde terminaba la calza, rodeándola hasta anudarla con un lazo. Fabricadas en tela, las más finas podían ser de seda.
Mantilla, complemento de paño, blonda o de otros tejidos y larga tradición no solo en Madrid sino en toda España, utilizado por la mujer para cubrirse la cabeza o protegerse del frío (con posibles reminiscencias en la población árabe de la península ibérica). Fabricado en seda, lana u otro tejido, adquirió cierta fantasía desde el siglo XVIII hasta el último tercio del siglo XIX.
Mitón, complemento femenino compuesto por una pieza enrejada que cubre el brazo del codo a la mano (hasta la mitad del pulgar y el comienzo de los otros dedos).
Muselina, era un tejido de algodón en ligamento tafetán. Fino e imitando a la seda gracias a la delgadez de sus hilos que hizo posible la hiladora de 1779, inventada por Samuel Crompton.
Pantalón largo, prenda que tomo la estructura del calzón corto alargándose de forma recta hasta los tobillos, y que comenzó a usarse en el siglo XIX, complementándose con blusas, chalecos y "jupeses".
Vestido camisa se llamaba al vestido entero y de amplio escote, con la peculiar caracterísica de su talle alto marcado bajo el pecho. La falda volaba suelta, por lo general confeccionada en muselina de algodón. Aparece en la vestimenta femenina desde finales del siglo XVIII al inicio del XIX.
Zapato, calzado de cierto lujo, por lo general de color negro, con suela de cuero y el resto de piel o de algún tejido, era característica su lengüeta alta adornada con un lazo o hebilla.

Zaragüelles, calzones de lino o algodón de dos perneras muy anchas ceñidos a la cintura por una cinta. Cubrían desde las rodillas a la cintura, con un cuadrado de tela a la altura de la entrepierna para a darle holgura. El tradicional «saragüell» blanco, podía cubrirse en invierno con otro más corto de lana negra.

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