Françoise Sagan

La tragedia de Françoise Sagan

PAUL WEBSTER. The Observer/EL MUNDO

Hace 50 años, a Françoise Quoirez, una brillante estudiante de instituto, de 16 años, le pidieron que redactara un ensayo filosófico para su curso de bachillerato. El título del ensayo debía ser ¿En qué se parece la tragedia a la vida? Parte de la respuesta está en Buenos días, tristeza, que escribiría un año más tarde como Françoise Sagan, y la otra en las revelaciones que la autora hizo el pasado fin de semana, tras cuatro años de silencio y sufrimiento.


Reducida a una débil sombra de aquella adolescente despreocupada que con ese primer libro, publicado en 1954, vendió millones de ejemplares en todo el mundo, Sagan confesó durante una entrevista televisada, con la ayuda de un vaso de whisky y un par de cigarrillos, que su mala salud y sus graves problemas económicos la tenían muy afligida y le impedían terminar sus últimos dos libros, que vendrían a añadirse a una larga lista de 40 títulos publicados.

Derroches y altibajos

La causa de la mayor crisis personal en la vida de esta escritora, caracterizada por derroches y altibajos que la llevaron a dilapidar varias fortunas en apuestas y excesos, es una orden judicial que la obliga a pagar unas 500.000 libras esterlinas (alrededor de 800.000 euros) en impuestos por ingresos no declarados, o de lo contrario cumplir una condena de un año de cárcel. Esta amenaza se ha cernido sobre la autora después de sufrir una caída y fracturarse el fémur, lesión que sigue molestándola tras nueve operaciones.

«Todo lo que recibo por derechos de autor va al fisco. No me dejan ni un euro para vivir. Dependo de la caridad de un amigo y estoy destinada al hospicio», declaró Sagan, a la que intentan salvar de esta humillación algunos miembros del mundo del espectáculo y de la literatura, dirigidos por la actriz Isabelle Adjani.

El perdón presidencial

«Es posible que Françoise Sagan tenga alguna deuda con el Estado, pero Francia le debe mucho más por el prestigio que su talento le ha valido al país ante el mundo entero», declaró Adjani tras firmar una petición también apoyada por laureados escritores como Phillipe Sollers, Alexandre Jardin y Régine Desforges.

Los firmantes han solicitado el perdón presidencial y una pensión que le permita a Sagan vivir el resto de su vida «en una atmósfera de tranquilidad para que pueda dedicarse a escribir».

La chica prodigio aún era reconocible por su inalterable peinado en la entrevista con el presentador Guillaume Durand. Pero el toque de carmín, el esmerado maquillaje y el lujoso collar que lucía no ocultaban el envejecimiento y deterioro que ha sufrido a sus 66 años.

A toda máquina

Y es que, según su más reciente biógrafa, Sophie Delassein, seguir la vida a toda máquina de Françoise Sagan, repleta de divorcios, problemas de drogas y alcohol, así como de amantes o amigos íntimos desde Tennessee Williams hasta Jean-Paul Sartre y François Mitterand se ha convertido en una empresa casi imposible.

Al parecer, miembros del entorno del entonces presidente le pidieron que utilizara su influencia sobre éste para que concediera a la empresa Elf los derechos de explotación de los yacimientos petrolíferos de Uzbekistán. La enorme suma de dinero que, según la compañía, se le ingresó en un banco suizo en pago por los servicios extremo que Sagan ha negado ha sido, de hecho, la causa del proceso abierto en su contra por evasión de impuestos.

Sagan intentó aclarar las cosas en la televisión alegando ser una víctima inocente de una estafa, que terminó en la confiscación y venta en subasta de su casa de Normandía. Y fue sorprendente su respuesta sobre la «literatura del cuerpo», practicada por el grupo de escritoras contemporáneas, dirigidas por Catherine Millet, cuyas obras de contenido sexual explícito se consideran consecuencia inevitable de la atmósfera libertina preconizada en Buenos días, tristeza.

«No me gusta nada», se limitó a decir Sagan, y dio una fuerte calada al cigarrillo.
Fuente: www.elmundo.es

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