Oda a la comodidad

El cuento de la precariedad como moda lleva su buen tiempo por ahí. El fenómeno grunge que propinó tantos rodillazos y codazos a miembros de mi generación, promulgaba el uso de la ropa hecha jirones y la renuncia al shampoo, el desodorante, la crema dental y el baño. Eddie Vedder y sus pantalones raidos y sucios, el finado Kurt y sus sweaters de lana abiertos —de viejo— que a mí me encantaban. Los pantalones artificialmente sucios siguen en boga, creo que nunca han desaparecido de las estanterías desde 1990, son carísimos. Los sweaters de viejo nunca pegaron, eso sí. Fuente: bluelephant.blogspot.com

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