La de las medias a rayas

Se le había quemdo el jersey con el cigarrillo, llevaba la falda apolillada anudada con la corbata del marido, medias rayadas y zapatos de escalada, mil veces atados y desatados hasta que el ajuste de ambas coincidiera, y guantes sin dedos; iba recogiendo colillas de cigarrillo que estuvieran a medio terminar y que no estuviesen mojadas o rebuscando en los contenedores de la basura alguna muñeca, algún juguete o ropa o trasto bonito para su hija.
Había perdido su bolso de japonesa, cargaba con una mochila sin nada dentro, casi, salvo un par de gafas de Gucci, algún documento.
Tenía un aspecto tristísimo. Todos la veían.

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