Rainer

En las llamadas "casas de los Príncipes" de la calle Schelling de Munich, donde a comienzos de 1897 me había alojado con Fried von Bülow, había recibido, durante un tiempo, poesías enviadas por un anónimo. Reconocí a su autor por la letra de la primera carta después de la presentación que nos hicera Jacob Wassermann, en una noche de teatro en primavera. Entonces me leyó más poemas, entre ellos las "Visiones de Cristo"; ...
No hizo falta mucho tiempo para que Rainer Maria Rilke se conviertiera en Rainer. ...
Rainer, jovencísimo aun, había escrito y publicado ya con sorprendente profusión –poemas, relatos, y editado también con la revista Wegwarten- pero su presencia no hacía preponderantemente el efecto del gran poeta que llegaría a ser, sino que impresionaba por su peculiaridad humana. Y ello, a pesar de que desde sus comienzos, casi ya desde la infancia, había presentido la tarea poética como su indisputable vocación y nunca había dudado al respecto. Pero precisamente porque ardía en esta seguridad casi onírica, no sobrevaloraba en modo alguno lo ya logrado: constituía el impulso de renovados intentos de expresión cuyos esfuerzos de técnica, cuyas luchas con la palabra, casi naturalmente se le enredaban con el exceso de sentimientos -la "sentimentalidad" tenía que venir en ayuda de lo que aun no podía cumplirse cabalmente. ...
Si se piensa, desde esta perspectiva, en el poeta posterior, ya próximo a la meta y perfeccionándose en su arte, resulta sobremanera claro por qué hubo de costarle eso la armonía de la personalidad. Visto en profundidad, no cabe duda de que todo proceso artístico entraña un fragmento de semejante peligro, de rivalidad semejante hacia la vida: incalculablemente más peligroso aun para Rainer, porque su disposición propendía a cumplir líricamente lo casi impronunciable, a preparar alguna vez, con el poder de su lírica, la palabra para lo "indecible". ...
Lou Andreas Salomé, Mirada restrospectiva

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