Cinturones, una historia la tira de larga


Existe documentación sobre el uso del cinturón desde la edad de bronce. Desde entonces, ambos sexos se lo han puesto, dependiendo de la moda del momento, aunque fuera una rareza entre las mujeres a excepción de la temprana Edad Media, finales del siglo XVII, en Mantua, y en combinaciones de falda y blusa entre 1900 y 1910.

En la época moderna, los hombres comenzaron a usar los cinturones en los años 20, cuando las cinturas de los pantalones cayeron a una línea más baja y natural. Antes de los años 20, los cinturones respondían sobre todo a un propósito decorativo y estaban asociados a los militares. Hoy, la mayoría de los hombres usan cinturón para sus pantalones mientras que las mujeres tienden a usarlos más bien como complemento decorativo.

En el comienzo del siglo XXI, gracias a la gran variedad de materiales complementarios a los tradicionales como el cuero, los cinturones se posicionan como un artículo de moda, adoptando nuevos colores, diseños y variedades. Un claro ejemplo es la goma cáustica y los polímeros plásticos que brindan un sin fin de nuevas posibilidades de diseño. Productores independientes, de diversos lugares, ya están experimentando con nuevos materiales llevando a los cinturones a otro nivel, en términos de diseño, estética y durabilidad.

Antiguamente los cinturones o ceñidores tenían carácter apotropaico*, ya sea en la Península Ibérica, como en Oriente, entre los persas, hititas, fenicios y judíos. El mismo carácter de protección, y por lo tanto mágico y apotropaico, debió de ser el de estas prendas de vestir entre los griegos.

Las fuentes griegas de que disponemos son las siguientes: en la en Ilíada 14, 214-221, donde Hera quiere seducir a su esposo Zeus para que, dormido a su lado, deje de intervenir en la lucha entre los Aqueos y los Troyanos. Para ello, además de ponerse sus mejores galas, pide prestado a Afrodita su cinturón: «Dijo (Afrodita), y de su cuerpo se quitó un cinturón de cuero perforado y ricamente adornado, donde habían sido encerrados todos los encantos. Allí estaba la ternura, allí el deseo y allí las palabras seductoras que arrebatan la mente de los más sensatos». (Afrodita) se lo puso en las manos (a Hera) y le dijo: «Toma, guarda en tu regazo este cinturón tan hermoso, que todo lo posee; y te aseguro que no volverás sin haber conseguido lo que has tramado en tu interior». El cinturón más famoso del mundo griego es, sin embargo, el de Hipólita (Apol II 5, 9), la reina de las amazonas. Apolodoro expresamente escribe: «Hipólita tenía el cinturón de Ares, que era símbolo de su superioridad sobre todos». El escoliasta de Apolonio, Argon. II 778, afirma que la historia de este cinturón era distinta según las diferentes leyendas, pero que siempre lo llevaba una amazona. En esta leyenda aparece muy claro el carácter del cinturón, como prenda que da superioridad en la lucha, en el caso de las amazonas, o propia de una sacerdotisa. El cinturón procedía del dios de la guerra, Ares, lo que no deja también de ser significativo.



Existen numerosas piezas arqueológicas en las que aparecen personajes completamente desnudos cubiertos solo por un cinturón, como los acróbatas danzantes desnudos de una lira de Samos, trabajada en marfil, en el último cuarto del siglo VII 19 o el Apolo de Tebas, ofrenda de Mantiklos, obra hecha en bronce, entre los años 680-670. Estos cinturones, con idéntico carácter apotropaico, se documentan siglos antes en el mundo micénico.

El texto más claro que prueba el carácter mágico y religioso de estos cinturones en la antigüedad se lee en el Testamento de Job, obra judía, fechada entre los años 100 a. de Cristo - 100 d. de Cristo, pero cuyo significado en este punto remonta a tradiciones iranias muy antiguas, que los fenicios debieron traer al Occidente. Su carácter era idéntico al cordón sagrado iranio, llamado "Kusti". Dice así: Trajeron sus bienes para repartirlos entre los siete varones; de ellos no dio nada a las hembras. Estas, entristecidas, dijeron a su padre: «Señor, padre nuestro, ¿acaso no somos también nosotras hijas tuyas? ¿Por qué no nos has dado parte de tus bienes?» Job respondió a las hembras: «No os conturbeis, hijas mías, que no me he olvidado de vosotras. Os he otorgado una herencia mayor que la de vuestros siete hermanos». Llamó entonces a su hija Hemera y le dijo: «Toma este anillo, vete a la cámara y tráeme las tres cajas de oro para que os reparta la herencia. Hemera se fue y las trajo. Job abrió las cajas y sacó tres cinturones de colores variados que ningún ser humano puede describir sus formas. Estas no son terrenas sino celestiales, relampagueantes de chispas luminosas como rayos de sol. Job dio un cinturón a cada una de sus hijas y les dijo: ceñíoslo alrededor del pecho para que estén con vosotros todos los días de vuestra vida. Le dijo entonces otra hija, llamada Casia: excepcional de estos cinturones? ¿Podremos vivir acaso de ellos»?Su padre les respondió: «No solamente podréis vivir de ellos, sino que os conducirán a un mundo mejor, para vivir en los cielos. Desconocéis, hijas mías, el valor de estos cinturones que el Señor tuvo a bien darme el día en el que quiso tener misericordia de mí y eliminar de mi cuerpo las enfermedades y los gusanos. Él me llamó, me presentó estos tres cinturones y me dijo: 'Levántate, ciñe tus lomos como un hombre. Yo te preguntaré y tú me responderás'. Los tomé, me ceñí con ellos y al punto desaparecieron de mi cuerpo los gusanos al igual que las enfermedades. Luego, mi cuerpo se fortaleció gracias al Señor como si no hubiera sufrido nada en absoluto. Incluso me olvidé de las angustias de mi corazón. El Señor me habló con poder mostrándome lo ya sucedido y lo porvenir. Hijas mías, ahora que los poseéis, no podrá el enemigo atacaros en absoluto, ni tendréis su pensamiento en vuestras mentes, porque ellos son un amuleto del Señor. Levantáos, pues, ceñíos con ellos antes de que yo me muera, para que podáis contemplar a los que vienen a mi partida y admiréis las criaturas de Dios». A estas palabras se levantó una de las tres hijas, la llamada Hemera, y se ciñó como le había dicho su padre. Recibió otro corazón de modo que ya no pensaba en cosas terrenas. Pronunció palabras solemnes en la lengua de los ángeles y entonó un himno a Dios al igual que los himnos de los seres angélicos. Y mientras entonaba los himnos permitió el Espíritu que quedaran grabados en su vestido. Entonces se ciñó Casia y se le cambió el corazón de modo que no podía ya preocuparse de las cosas terrenales. Su boca se expresaba en el dialecto de los Príncipes celestes y glorificó la obra del Alto Lugar. Si alguno desea conocer la Obra de los cielos podrá encontrarla en los Himnos de Casia. Entonces se ciñó también la otra hija, la llamada Cuerno de Amaltea, y su boca comenzó a proferir palabras en la lengua de los seres de lo alto, puesto que también su corazón se había cambiado, apartándose de las cosas terrenales. Habló, en efecto, en la lengua de los querubines, alabando al Señor de las virtudes y narrando su gloria. El que quiera, por lo demás, aprehender las huellas de la gloria del Padre puede encontrarlas en las Plegarias de Cuerno de Amaltea». (Traducción de A. Piñero, El testamento de Job. Vol. I de apócrifos y Pseudoepígrafos del A T. En prensa. Edic. Cristiandad, Madrid).

En efecto, los dioses cananeos, fabricados en metal, ciñen sus cinturas con estos cinturones de gran tamaño. Algunos ejemplares, como los que proceden de Tell Judeideh, van desnudos y sólo cubren su cabeza con un casco, lo que refuerza el sentido mágico del cinturón, como pieza de la que no se puede prescindir, a pesar de la desnudez total, que también es de carácter religioso, ritual y muy antiguo. En Sumer, en la época más primitiva, estaban los sacerdotes desnudos mientras
oficiaban.



Otros dioses y diosas fechados en el Bronce Medio, desnudos o vestidos, no prescinden en sus vestidos, con mucha frecuencia, de los cinturones. De todas estas imágenes se deduce que los cinturones anchos eran una prenda necesaria casi siempre en el vestido de los dioses y diosas cananeos y que, incluso cuando se les representa desnudos, el cinturón es una prenda de la que no se solía prescindir. Estas imágenes son importantes por pertenecer a una iconografía religiosa que los fenicios trajeron al Occidente, a partir de la fundación de Cádiz hacia el año 1100 a. de Cristo.

Entre los israelitas el cinturón figura entre las vestiduras sagradas de Aarón, en Exodo 28,4,8 y en Levítico 8,7. el "Efod", tan utilizado por los israelitas, en el culto, como prenda ritual, era una especie de banda ancha, que ceñía la cintura. En el libro de Samuel se leen varios testimonios del carácter sagrado de estos cinturones, como cuando se describe a David bailando desnudo delante del arca, sólo llevando encima un ceñidor. Ex. 28, 5, cita el cinturón entre las vestiduras de Aarón. En Ex. 28, 8 se lee: «el cíngulo que rodeaba a aquél (efod) por encima será de la misma labor que él, formando con él un cuerpo: de oro, púrpura violeta, púrpura escarlata, carmesí Y lino fino de hilo torzal». Esta descripción es postexílica. Estos textos indican claramente que los sacerdotes se ceñían una faja o cíngulo, que era un distintivo de su cargo. El efod en época primitiva tenía, pues, forma de banda; con la adición posterior de los tirantes tomó forma de mandil.
Algunos otros textos presentan a estos cinturones como objeto de culto más bien que como adorno personal. En el mundo cartaginés no estuvieron ausentes estos cinturones. Uno de los ejemplos más significativos se encuentra sobre una terracota con dama de tipo egiptizante. Del ancho cinturón, pintado en este caso, cuelgan por delante de la figura, dos bandas terminadas en flecos.
La orfebrería visigoda muestra una gran predilección por las piezas de gran tamaño, adornadas con pedrerías de vivos colores, que se inspiran en el lujo de la indumentaria bizantina; estas joyas eran un símbolo de prestigio que se consideraba imprescindible en el ajuar de los difuntos.

Otros cinturones son los famosos de castidad, los de seguridad y los empleados en las artes marciales.

*Apotropaico es un adjetivo que proviene del griego apotrepein (‘alejarse’), indica en general un gesto, una expresión o un objeto que se utiliza para alejar un influjo mágico maligno. Aparece en el diccionario de la RAE.
Ejemplos de expresiones apotropaicas son los conjuros lanzados en los cortejos triunfales romanos a los condottieros victoriosos.

Fuentes
www.todocoleccion.net
http://popgloss.com/belts/
http://www.cinturones.us/correas/cuero/seguridad/_historia_del_cinturon/
http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/obras/8932.htm
http://www.dalvi.es/historial.php
http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=14789&portal=114

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